
El temperamento de una ola me embarcó hacia el interior del mar
solitaria y cautiva cientos de millas me separaban de la orilla, refugiaba mis pensamientos de temporales y borrascas maldecidos por piratas que ansiaban descubrirlos
no me atrevía a mirar fondos marinos, me abatía el miedo de que aquello no fuese lo que en realidad veía, apariencias en sincronía; miedo a que me siguiera calando el frío que paralizaba poco a poco mis manos inútiles, mis pies sin camino; las corrientes violentas y enfrentadas que intercambiaban posiciones conmigo sin dejarme claro un destino; que en el desolado mar, retraído de sí mismo por su imponencia, no existiera animal marino que me prestara su calma, su escucha, su comprensión; se había tornado mi enemigo
la imagen desesperante del enorme pez blanco de dientes afilados venía una y otra vez a mi mente desierta y me arrancaba el coraje, como si de un bocado pudiera deportarme viva, como si eso fuese lo que yo más quería
tempestades que se sublevaban como paredes, olas como paredes a todos lados sin dejar salida, aquello que era mío que me habían robado y ya no poseía, se encontraba arropada en un desmayo, mi vida, se desprendía vendida
expiraciones desconsoladas nublaban el cielo y escondían la fe de mi alma arremetida, yo latía
yo me había transformado en un latido omnipotente en el meollo de ese mar que me derrotaba.
Mis esperanzas afligidas por un tiempo interminable de previo naufragio se colmaron de dicha el día en que una medusa enganchada a mi costado capturaba mi subsistencia aislada y la ponía a vibrar, un instante de conexión asfixiada suficiente para empezar a nadar hacia la orilla
comenzaba a vislumbrar el final de mi pesar y sin darme cuenta iban quedando atrás tiempos de ensueño y permanencia
hoy que llego a puerto se me aparece de la nada aquella que se declaraba vencida, la vida, y ahora me doy cuenta que tan solo fue el preludio de una historia que un día sufrió en agonía.
solitaria y cautiva cientos de millas me separaban de la orilla, refugiaba mis pensamientos de temporales y borrascas maldecidos por piratas que ansiaban descubrirlos
no me atrevía a mirar fondos marinos, me abatía el miedo de que aquello no fuese lo que en realidad veía, apariencias en sincronía; miedo a que me siguiera calando el frío que paralizaba poco a poco mis manos inútiles, mis pies sin camino; las corrientes violentas y enfrentadas que intercambiaban posiciones conmigo sin dejarme claro un destino; que en el desolado mar, retraído de sí mismo por su imponencia, no existiera animal marino que me prestara su calma, su escucha, su comprensión; se había tornado mi enemigo
la imagen desesperante del enorme pez blanco de dientes afilados venía una y otra vez a mi mente desierta y me arrancaba el coraje, como si de un bocado pudiera deportarme viva, como si eso fuese lo que yo más quería
tempestades que se sublevaban como paredes, olas como paredes a todos lados sin dejar salida, aquello que era mío que me habían robado y ya no poseía, se encontraba arropada en un desmayo, mi vida, se desprendía vendida
expiraciones desconsoladas nublaban el cielo y escondían la fe de mi alma arremetida, yo latía
yo me había transformado en un latido omnipotente en el meollo de ese mar que me derrotaba.
Mis esperanzas afligidas por un tiempo interminable de previo naufragio se colmaron de dicha el día en que una medusa enganchada a mi costado capturaba mi subsistencia aislada y la ponía a vibrar, un instante de conexión asfixiada suficiente para empezar a nadar hacia la orilla
comenzaba a vislumbrar el final de mi pesar y sin darme cuenta iban quedando atrás tiempos de ensueño y permanencia
hoy que llego a puerto se me aparece de la nada aquella que se declaraba vencida, la vida, y ahora me doy cuenta que tan solo fue el preludio de una historia que un día sufrió en agonía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario