viernes, 30 de julio de 2010

Después de tu cielo confuso y difuso mi camino, el tiempo al que yo olvidara deja en mi vientre las secuelas orgánicas de haberte conocido.
Ahora que eludo el destrozo me rozas el paso y te acoplas para siempre conmigo.
Confieso mi error, llevo estos últimos siglos ensimismando el silencio vivido...
¿Pero qué habrá en el ombligo del mundo que yo quise descubrir contigo?
A este lado del verano que me trata con castigos, sal entre las manos y el corazón de piedra para desterrar tu guerra de abrazos de arena, mas trazos de mi pena y una brecha abierta nadan entre olas claras y escuece si quiebran.
No hubo calma en esas olas para mojarnos entre rincones, ni lumbre, ni verso, ni ganas de piernas abrazando tus caderas.
Por eso he quedado acariciando los escombros que rondan por mi vereda y con rastrojos de tu acera acierto la respuesta, que tu y tus manos son las que dan presencia a mis hogueras.

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