lunes, 7 de junio de 2010


Me clavas tus pies lánguidos de espada
tu agua espesa
y te conviertes en el único ser apacible que me sentencia

se ennoblecen tus manos de candente lava
tu viscosidad me tienta
y te desfiguras en ese inefable animal lúbrico que me complementa

me enmarañas tu pelo fragante de escarcha
tu saliva ya inmersa
eres cobra perniciosa que me envenena

se me escurren tus pestañas de alba arena
tu fluir espera
el raciocinio hermético que me sustenta

se solapan tus hombros lacerantes de pena
tu jugo escasea
te vas desintegrando en semblante tenue que me anhela

esclareces tu gracia ya serena
tu espuma me preserva
y te conservas en recuerdo de piel devastada y sincera, en rostro abatido que se aleja.

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